A Laura le diagnosticaron esquizofrenia paranoide a los 21 años y su vida cambió radicalmente. A pesar de sufrir mucho y de tener que dejar algunos de sus sueños, Laura ha sabido salir de las dificultades que su enfermedad le ha planteado. Actualmente, lleva una vida normal y ha conseguido su integración social. Así nos explica su enfermedad:

“Consiste en delirios que aparecen cuando surgen los brotes, pero con la medicación desaparecen. En ese momento, no eres consciente de la realidad, te imaginas cosas que no existen, deliras. Yo tuve ese primer brote, pero, como con la medicación se me quitó, los médicos pensaron que era puntual, y al cabo de un par de años me retiraron las medicinas. A los tres años, tuve otro. Entonces se dieron cuenta de que tenía la enfermedad de manera crónica, y desde entonces tomo medicación”.

Laura continúa:

“Actualmente sólamente sufro ansiedad, dificultades de concentración y de memoria…pero no he vuelto a tener ninguna recaída desde 1992, y me han dicho que probablemente tomando mi medicación ya nunca volveré a tenerla”.

SU TRABAJO

“Yo estudié periodismo y no he podido trabajar de mi carrera, es una profesión muy estresante y me la desaconsejaron. La realidad es que todo aquello que me produce estrés o que se sale de la rutina me provoca un empeoramiento.

Laboralmente al principio fue una frustración muy grande, porque yo quería trabajar de lo que era mi vocación. A pesar de esto, he tenido suerte. Me llamaron del INEM para trabajar en la filmoteca como documentalista y más tarde comencé a trabajar en una empresa que gestiona recursos sociales, donde llevo ya nueve años. Lo único que me entristece es que estoy haciendo un trabajo inferior a mis capacidades”.

En cuanto a su relación con los demás, Laura nos cuenta:

“No suelo comentarle a nadie que tengo esta enfermedad, lo sabe mi familia más cercana y poco más. Además, soy de un pueblo pequeño y lo que más miedo le da a mi familia es que se enteren allí de lo que me pasa. La gente del pueblo es muy ignorante y se ríe o no lo acepta.

De hecho, la primera vez que tuve un brote, recuerdo que en mi pueblo algunos se enteraron porque me vieron muy mal. Cuando mis padres me llevaron allí yo todavía estaba con ideas delirantes y muy medicada. Recuerdo que se reían de mi, me dieron de lado. En aquella época mis amigas no querían que saliera con ellas porque no querían que me vieran con ellas o que los demás supieran lo que me había pasado. Eso no eran amigas.

Ahora tengo otras amistades desde hace muchos años, pero reconozco que cuando me puse enferma fui yo la que cambió de amigos. No me gustaba el tipo de vida que llevaban. Bebíamos bastante y yo misma decidí cambiar, dejar de beber. Ahora pienso que la decisión fue acertada”.

MEDICACIÓN

“Antes tomaba mucha medicación con muchos efectos secundarios y estaba bastante mal. Con el tiempo se han ido descubriendo nuevos fármacos y ahora mismo solo me tomo una pastilla (un antipsicótico, la que te impide tener recaídas) y otra que es un ansiolítico. Con eso me mantengo, porque llegué a tomar 11 pastillas diarias.

Tengo alguna amiga que ha tenido recaídas por no tomarse la medicación, y pienso que son personas que no tienen conciencia de enfermedad. También conozco a muchas que además consumen alcohol y evidentemente están peor de lo que podrían estar.

Aprovecho para decirle a la gente joven que no consuman drogas ni abusen del alcohol, porque se está demostrando que la gente que consume cannabis o pastillas de éxtasis (no hay que olvidar que las drogas son alucinógenas) puede desarrollar la enfermedad si se tiene predisposición genética a tenerla”.

AYUDAS

“Yo no tengo ninguna ayuda porque como estoy trabajando vivo de mi sueldo. Muchas veces me he planteado independizarme porque vivo con mis padres, pero es imposible. Por eso reclamo derecho a una vivienda. Hay enfermos que tienen una pensión no contributiva porque no han cotizado o trabajado nunca y no pueden acceder a una casa a no ser que les den ayudas.

Como estoy trabajando también me tengo que pagar la medicación, y las pastillas que tomo son carísimas. Sólo si hago la declaración de la renta con mis padres como “hijo minusválido a cargo”, les dan algo de dinero, aunque es muy poco”.

DISCAPACIDAD

“La esquizofrenia es una discapacidad psíquica. Si vas a los servicios sociales y te ve un psicólogo te reconoce el tanto por ciento de discapacidad que tienes. Actualmente dividen las discapacidades en físicas, sensoriales y psíquicas. Las enfermedades mentales deberían considerarse aparte de las psíquicas, porque en esa clasificación se encuentran los retrasados, los síndrome de Down, y la inteligencia en nuestra enfermedad la tenemos igual que antes, lo único que nos falla, es que como tomamos una medicación muy fuerte, nos falta concentración. Por lo demás, mi vida es completamente normal”.

LO QUE LE GUSTARÍA A LAURA

“Me da mucha rabia que no haya psicólogos que te puedan atender en la seguridad social porque si quieres ir a verlos tienes que pagar. Pediría también que hicieran residencias para los enfermos que no están capacitados para vivir solas, porque cuando se mueren los padres, ¿Dónde van esas personas? También reclamaría más subvenciones para las asociaciones, porque viven principalmente de las aportaciones de los que somos socios”.